De un tiempo a esta parte (aunque me parece que es un tema que ronda la cabeza del ser humano desde los albores de la humanidad…o no, el hombre primitivo bastante tendría con atender a su supervivencia, imagino…) la felicidad está continuamente presente en las conversaciones, los artículos de prensa, los debates, los telediarios, la publicidad…se ha vuelto un “must”, eso que debemos tener/sentir sí o sí, continuamente, en todo momento y circunstancia de la vida. De no ser así, nos pasa “algo”, estamos “mal”, algo está fallando, algo estamos haciendo mal, somos unos fracasados…porque claro, en sociedades individualistas como las nuestras (hablo en general de Occidente) todo empieza y acaba en uno mismo.
Pero ¿Qué es “estar bien”? Ya la Organización Mundial de la Salud (OMS) ofreció allá por 1948 su definición de salud como algo que no solo implicaba la ausencia de afecciones o enfermedades, sino que incluía un matiz subjetivo importante: “estado completo de bienestar físico, psíquico y social” (OMS, 1948).
Pero claro ¿podemos tener “un estado de completo bienestar” todo el rato? No parece muy realista un planteamiento así, o por lo menos parece ignorar que el ser humano cuenta con un abanico emocional amplio constituido por distintas emociones (unas agradables y otras no tanto) que tienen sentido y son necesarias: podemos también estar tristes, nostálgicos, angustiados, perdidos, apáticos, indiferentes, perplejos… y está todo bien. Atención eso sí, a las intensidades y duraciones de estas emociones. Si en el día a día se dan en su justa medida y adaptadas al vivir (valoración que a veces no es fácil de hacer y que puede requerir una consulta a un profesional de la salud)…ESTAN BIEN. Y aunque las redes sociales nos muestren personas continuamente felices, realizadas y bellas… ES MENTIRA (lo sabemos esto ¿no? Bueno).
Hay estudios que han investigado el tema de la felicidad a lo largo de la vida, y han extraído resultados que indican que la felicidad en el desarrollo de nuestro recorrido vital tendría forma de U, siendo los extremos los momentos de mayor felicidad, correspondiendo por un lado a la edad en torno a los 20-25 años, y por otro a edades por encima de 70. El pico de malestar psíquico parece coincidir con edades que rondan los 45-50 años. Es decir, la juventud, época de menos responsabilidades, de ilusiones, descubrimientos, aprendizajes, proyectos, sería una época feliz. A medida que pasan los años, a mayor cantidad y nivel de responsabilidades y cargas (laborales, familiares, económicas) se llega al pico de malestar psíquico, que se va superando y remonta hacia otra época feliz, de objetivos cumplidos y disminución de responsabilidades (la vejez, vista en términos ideales).
Claro, pongámosle a esto todos los peros que queramos; deteniéndonos en personas concretas, circunstancias concretas y lugares del mundo concretos con sus realidades concretas. Esto sin duda va a hacer variar mucho esta curva que una vez personalizada es única para cada persona y su circunstancia.
Por ello, de lo que no hay duda en la actualidad es del papel clave que tiene nuestra mente en nuestro bienestar: lo que pensamos incide directamente en cómo nos sentimos. Nuestros pensamientos van a influir en nuestro estado de ánimo y en nuestra interpretación de la realidad. Construimos la realidad, nuestra realidad, y eso se va a reflejar en la manera en que nos sintamos y actuemos, las decisiones que tomemos y nuestro grado de satisfacción.
No puedo evitar sentir que en ocasiones parece que estemos confundiendo felicidad con un estado continuo de excitación intensa ligado a experiencias por encima de la cotidianidad y la (bendita) rutina. Ya no vale tener todas nuestras necesidades básicas cubiertas y la supervivencia garantizada, y estar en disposición de trabajar y amar (que fue en lo que cifraba la salud mental Freud, según él “un sujeto sano es el que tiene la capacidad de amar y trabajar”). No, no, no, eso son medianías… el objetivo vital ha pasado a ser LA FELICIDAD, esa abstracción subjetiva, así en letras mayúsculas bien grandes…
Comparto a continuación el link de una entrevista al médico psiquiatra Don Enrique Rojas, donde habla de todas estas cuestiones y de alguna más, con la sabiduría propia de un gran profesional.
No me resisto a compartir con vosotros la “sencilla” fórmula de felicidad que él comparte en el artículo: buena salud y mala memoria. En la entrevista la explica más a fondo, no dejéis de leerla!
