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Todos venimos de un lugar, lo hablo con frecuencia con mis pacientes.

En ese lugar pasaban algunas cosas, otras cosas no pasaban nunca, las que pasaban lo hacían de una determinada manera, o de otra distinta…

Eso, inevitablemente, para bien o para mal, nos habrá marcado.

Y sigue en nosotros como el modelo recibido, del que tiramos cuando tenemos que afrontar situaciones. Como una especie de  “instrucciones de uso para la vida” que nos han insertado en nuestra crianza los que se encargaron de ella. Que, siendo realistas, algunas cosas las hacían bien, otras medio bien, y otras mal.

No estoy hablando específicamente de situaciones traumáticas ni de formas de crianza yatrogénicas ni directamente patológicas. Hablo de las cosas que nos han transmitido, que hemos vivido y que inevitablemente nos van a influir ya de adultos en múltiples áreas de nuestra vida y a distintos niveles.

Y tener conciencia de esto sí que puede suponer una diferencia a la hora de vivir y de afrontar nuestras vida.

Ese saber sobre uno mismo puede explicarme por qué me irritan tanto ciertas cosas, por qué me cuestan tanto otras, por qué reacciono de determinadas formas, a veces no las más adecuadas. ¿No os habéis oído repitiendo palabra por palabra sentencias paternas o maternas de vuestros propios padres o madres en las que en realidad no creéis, que no os gustan y que os parece increíble estar repitiendo a vuestros hijos? Claro, es que a lo mejor estáis un poco asustados en ese momento, por ejemplo, y en vuestra casa cuando aparecía el miedo se decía esto. ¿Funcionaba? Vosotros sentíais que no, y lo seguís pensando, y aun así se lo habéis soltado a vuestro hijo/hija.

A veces, por escapar de eso, nos pasamos al polo opuesto y lo que hacemos es funcionar de forma contraria a como nos enseñaron, como adolescentes que se diferencian a la contra, lo que no deja de ser una forma de dependencia más de lo transmitido, pero desde la rebeldía. Vamos, que seguiríamos en la misma pero al revés, sin lograr ser ni conscientes, ni libres, ni coherentes. Y haciendo cosas que hemos leído o escuchado que son las correctas pero que no tienen nada que ver con nosotros y que nos empeñamos en incorporar de una forma bastante artificial.

Comparto un artículo muy interesante que reflexiona sobres estas y otras cuestiones, entre ellas la maternidad/paternidad y la influencia que tienen en nuestra manera de ser padres esas enseñanzas/modelos recibidos.

Me parece que esa fórmula inscrita en la entrada del santuario de Delfos, en la Grecia antigua, difundida por Sócrates y que todos conocemos:

Conócete a ti mismo

adquiere más sentido que nunca si queremos ser buenos padres. Va a ser imprescindible resolver primero ese conócete a ti mismo, para poder hacer las cosas bien creo yo, libres de nuestros propios traumas y condicionamientos.

El psicoterapeuta Rafael Guerrero, gran experto, dice al respecto en el artículo:

Es muy necesario que los adultos nos hagamos cargo de nuestros traumas y heridas emocionales no resueltas en nuestra infancia y adolescencia para encarar la maternidad o paternidad de manera sana, respetuosa y segura”.

¡Feliz verano para todos!

https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2024-07-20/como-influye-la-infancia-de-los-padres-en-la-crianza-de-los-hijos.html

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