No hay duda de que corren tiempos de cambios acelerados… Tempus fugit, más rápido que nunca… y no solo hay novedades de tipo tecnológico, en la gestión del conocimiento (Internet, IA), en la comunicación (redes sociales, Tik Tok)… también los expertos en cuestiones de salud mental se están planteando la eficacia y el sentido del abordaje actual de los trastornos mentales y los tratamientos farmacológicos en uso.
Se preguntan: ¿funcionan tan bien los medicamentos que venimos prescribiendo desde hace décadas? ¿Sí o no? Por qué seguimos prescribiéndolos de forma preferente? Y si no hiciéramos eso ¿Qué podemos hacer? ¿habrá otras soluciones/ayudas mejores? Recordad, “el mapa no es el territorio” y a lo mejor el que venimos usando no nos está guiando tan bien como creíamos… viendo los datos con los que contamos en la actualidad se valoran poco eficaces algunas de estas medicaciones psicoactivas.
La cosa es que parece que se está dando un resurgir en la investigación, por parte sobre todo de científicos independientes, del uso clínico de sustancias de sobra conocidas con fines recreativos en décadas del siglo pasado, en las que fueron demonizadas y declaradas ilegales (con criterios más políticos que médicos se valora actualmente por muchos especialistas).
Son sustancias psicoactivas alucinógenas (LSD, psilocibina, MDMA, ketamina, DMT –ayahuasca– entre otras) y se está valorando su aplicación al tratamiento eficaz (y rápido) de trastornos como la depresiones severas y/o resistentes al tratamiento, el estrés postraumático, las adicciones o el trauma. Se han dado resultados sorprendentes y esperanzadores en algunos estudios sobre estas sustancias y en su aplicación controlada en algunos casos muy concretos…
Muy bien a priori, pero no perdamos de vista que vivimos tiempo hedonistas, individualistas, que exigen inmediatez, rechazan la reflexión y la moderación… Y parece que podría ser poco sensato apostarlo todo a la carta de estas sustancias alucinógenas como la forma perfecta de resolver problemas mentales; a día de hoy sabemos sobradamente que no tienen su origen exclusivamente en una alteración mental de naturaleza química, sino que son el resultado multicausal de factores sociales, económicos, experienciales, vinculares…
No olvidemos tampoco que la industria farmacéutica tiene una influencia importante en el mundo actual en los planteamientos terapéuticos de las enfermedades, y no siempre positiva… creo que nos vienen a todos a la cabeza los mismo ejemplos recientes de esto… Purdue Pharma: Una farmacéutica paga 270 millones en la primera demanda por la crisis de opiáceos en EE UU | Sociedad | EL PAÍS (elpais.com)
No soy médica, ni farmacéutica, ni química, ni neuróloga y no conozco a fondo ninguna de estas sustancias ni sus usos pertinentes (tampoco las puedo prescribir lógicamente), pero soy psicóloga y sí conozco la realidad de la salud metal aquí y ahora.
Encuentro asombroso asistir en directo a lo podrían estar siendo los primeros pasos de un cambio revolucionario de paradigma en el abordaje de trastornos mentales tan presentes en la vida de muchas personas como la depresión, TEPT, las adicciones, los traumas… Inevitable sentir vértigo también, al tener mucha conciencia de la necesidad de ser muy prudentes, atender a los resultados de los estudios clínicos serios, no precipitarnos y que los expertos sean impecables en el control y supervisión de tratamientos de este tipo, y no olviden complementarlos con el apoyo y trabajo psicológico que van a requerir.
Dejo a continuación dos artículos muy interesantes que cuentan detalladamente este estado de cosas. ¡Feliz verano!
