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Vivimos en una sociedad  y en un momento histórico donde se aceptan como ciertas una serie de verdades absolutas que condicionan nuestra valoración de determinadas situaciones y nuestro comportamiento ante las mismas. Nada nuevo, cada momento histórico tiene sus verdades absolutas, su Zeitgeist. Creo que la adolescencia y los adolescentes se encuentran atrapados en esa circunstancia, y eso lleva a que hablemos de ellos y su realidad en términos negativos y hasta catastróficos. ¿No os vienen a la cabeza títulos de libros que aluden a este momento del desarrollo en esos términos? Seguro que sí, porque ha sido frecuente de un tiempo a esta parte hablar de la adolescencia como algo terrible, inmanejable, que nos vas a sumir en el caos y el dolor.

La pandemia y las informaciones que nos llegaban de todas las dificultades que estábamos atravesando en este tiempo tan difícil estaban trufadas de noticias sobre el irresponsable comportamiento de nuestros jóvenes, que incumplían las normas, hacían botellones y participaban en fiestas multitudinarias ilegales, poniéndose en riesgo ellos mismos y a sus familias, como si nos les importara nada ni nadie….

Y sin embargo,  hemos asistido a un alarmante aumento de los problemas de salud mental entre esos jóvenes, que han pasado a necesitar más que nunca ayuda, o sea que parece que les importaba bastante lo que estaba pasando y lo que nos estaba tocando vivir, de hecho parece que les estaba afectando mucho (y sigue haciéndolo).

De todos modos se ve que no es cosa de esta época; según explican los que saben de otras culturas y momentos históricos, ya grandes pensadores de la cultura occidental como Aristóteles, Platón, Sócrates o Nietzsche y de otras culturas como Confucio, hablan de los jóvenes como irrespetuosos, maleducados, vagos, arrogantes…

A lo mejor la cosa no va tanto de la adolescencia sino de nosotros, los adultos, los adultos de cualquier época, que incomprensiblemente lo olvidamos todo: cómo éramos, que nos hacía sufrir, qué era importante, cuánto nos costaron algunas cosas, qué nos hacía vibrar…porque vibrábamos ¿te acuerdas?

Ya te digo que creo que no, que no nos acordamos. Y además nos ocurre otra cosa casi más grave: no sabemos nada de la adolescencia, desconocemos completamente el porqué de las cosas que les pasan, de las cosas que hacen, de sus reacciones, de lo que sienten, de por qué lo sienten en ese momento y de esa manera…

También nos pasa que igual que ellos al llegar a ese momento de su desarrollo viven cambios, también los estamos viviendo nosotros, sus padres, y eso requiere de nosotros algo que al ser humano le cuesta mucho hacer: cambiar, adaptarnos y seguir adelante. Ya no somos padres de un bebé o de un niño (y mira que exigieron cambios y adaptaciones esos momentos ¿eh? Y parece que lo llevamos mejor ¿verdad? Igual es que esos momentos del desarrollo están un pelín idealizados, igual es que la adolescencia está demonizada, o igual es…igual es…que se nos ha olvidado). Somos padres de un/una adolescente, hay que decirle adiós al bebé y al niño, porque ya no está, pero relativamente, porque forma parte del chico/chica con el que convivo y trato; y me sigue necesitando, me sigue queriendo y contando conmigo….pero de otra manera.               D-e-o-t-r-a-m-a-n-e-r-a.

David Bueno, doctor en biología y especialista en neuroeducación, ha escrito un libro cuya lectura recomiendo, “El Cerebro del Adolescente”, ed. Grijalbo, donde explica de  formas sencilla e interesante temas complejos, como son todos los relativos a nuestro cerebro y su organización.

Concretamente va a explicar de forma detallada los cambios que se generan en el cerebro durante la etapa de la adolescencia, que permiten que nuestros hijos pasen de la infancia a la edad adulta, toda una “metamorfosis”.

La adolescencia va a generar una serie de cambios a nivel cerebral, y por ello “los adolescentes son adolescentes y se comportan como adolescentes porque eso es lo que tienen que hacer” (pag.117, David Bueno “El cerebro del adolescente”).

Esos cambios explican comportamientos, cambios, intensidades, emociones… todas esas cosas nuevas e “inquietantes” que detectamos ellos; conociéndolos más a fondo lo inquietante puede pasar a ser estimulante, y sobre todo tendremos más conciencia de lo que necesitan de nosotros y de cómo dárselo, pudiendo salir de la actitud dramática o temerosa que a veces adoptamos, y siendo buenos modelos, guías y refuerzo que les sirva de estímulo, en quien poder confiar y apoyarse cuando lo necesiten.

Aquí os dejo una entrevista con David Bueno, que explica de forma muy clara y comprensiva esos cambios, para que comprendamos más y mejor lo que les está pasando a nuestros hijos

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/yes/2022/03/12/inevitable-adolescentes-acuesten-tarde/0003_202203SY12P14991.htm

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