Bueno, pues ya está, ya tenemos la rabieta encima: nuestro hijo reacciona “malamente” a nuestro intento de corregirle por un comportamiento inadecuado ¿qué podemos hacer que vaya un poco más allá en eficacia educativa y respeto que gritarle o pegarle (impulsos con los que nosotros, esos adultos responsables y sensatos, vamos a tener que lidiar)? Atención a lo que dice la neurociencia y los grandes expertos sobre esto: https://elpais.com/ideas/2023-06-18/no-le-grites-tanto-al-nino-la-neurociencia-nos-muestra-como-educar-en-el-siglo-xxi.html
Somos principalmente modelos para nuestros hijos. En un momento en el que ellos se han alterado lo recomendable sería que nos vean a nosotros calmados (recordad que sus neuronas espejo están deseando “imitarnos”). Es difícil enseñar buen comportamiento si estamos echando chispas, solemos hacer las cosas de forma desproporcionada y hasta incoherente cuando estamos así (“secuestrados” por la amígdala, que se encarga específicamente de dirigir los impulsos emocionales; es una de las estructuras del cerebro donde se encuentra ubicado el sistema límbico, recordad). Mas información en artículo anterior: https://www.aapsicoterapia.es/aviso-para-navegantes-rabietas-i/
Debemos entender lo que está pasando (qué le frustra en ese momento, cómo se encuentra, la importancia de lo que está pasando para él…) y ser firmes y claros en la norma que debe aceptar, explicándosela sin grandilocuencias ni subordinadas, claro y conciso: explica qué es lo que tiene que hacer concretamente y de manera sencilla el por qué (de qué nos protege esa norma, consecuencias de no cumplirla…); los niños a esas edades son perfectamente capaces de comprender las cosas y cómo funcionan. Insisto: en pocas palabras, no nos enrollemos favoreciendo la confusión, la distracción y el cansancio.
Da opciones, siempre que se aplique un límite va bien ofrecer alternativas: no puede hacer eso pero hay otras cosas que sí puede hacer. Ofrécelas como opción, la obediencia se consigue mejor con la implicación de quien recibe el mandato, que así ya no es mandato, es una elección mía que haré de buen gusto.
Atención: si se encuentra muy alterado no podrá escuchar nada y un paso previo a todo esto será ayudarle a calmarse (a él también le “secuestra la amígdala” cuando está alterado). A algunos niños les ayuda cambiar de lugar, sentarse, beber un poco de agua, que les demos un abrazo, que nos quedemos con él/ella mientras se calma… ahí cada uno que investigue qué ayuda a su hijo/a en esto. Ya calmado, norma clara, explicación clara y ofrezco opciones. Suele venir bien que nos pongamos a su altura para hablarle y recordad, estamos tratando de que cambie una conducta, aludimos al comportamiento, no le rechazamos a él ni a su forma de ser (es muy distinto decir “esto no se hace” que decir “eres malo”).
Suelen ser más eficaces las normas explicadas en positivo, los niños las entienden mejor y son más receptivos a hacer que a no hacer, por ello, mejor “habla más bajo” que “no grites”.
Como esto no es una lucha personal, formular las normas de forma impersonal a veces también ayuda: “habla más bajo, en la biblioteca no se debe molestar”.
Según lo serio que sea el tema nuestro tono de voz y actitud también deberemos adaptarlos, una mirada seria, un tono de voz firme y una actitud grave trasladan bien la importancia del mensaje. En las normas también habrá grados: importantísimas, importantes, medio importantes, no tan importantes… tratar todas por igual crearán confusión: no es lo mismo morder a otro niño que haberse quitado las zapatillas… claro, que según dónde esto de las zapatillas…en fin, reflexionad sobre vuestras normas, su sentido e importancia, esto también será un ejercicio sano como padres.
Y como padres no olvidéis que debéis formar un buen equipo: vamos a una y somos coherentes, lo que dice uno lo dice también el otro, si nuestro hijo detecta incoherencias o discrepancias en la normativa tratará de aprovecharse de ello pero sobre todo (y más importante) no terminará de saber qué es lo correcto y qué no, y eso es malo para desarrollar una buena confianza en vosotros y en sí mismo.
Y por último, juzgaos compasivamente al ejercer vuestra autoridad con vuestros hijos, no es sencillo aplicar normas y límites en la convivencia, no es sencillo educar, nos vamos a equivocar muchas veces, seguiremos gritando en ocasiones, perdiendo la paciencia y haciéndolo mal… pero sabemos hacerlo bien, y si practicamos se volverán costumbre formas de funcionar más sanas y eficaces, seremos mejores educadores, no sólo “controladores”.
Y cuando nos equivoquemos, lo reconocemos, nos disculpamos y lo arreglamos. Recordad, educamos para enseñar cosas de importancia para que sepan manejarse en la vida el día de mañana, si no las aprenden con nosotros la vida se las va a enseñar, pero ojo, la vida es sin duda una maestra menos piadosa…
