Trabajo mucho este tema del discutir con las parejas que atiendo, porque suele ser una queja común y todas suelen entenderlo como algo negativo, que no debería ocurrir y que es otra más de las malas señales de lo que está ocurriendo en su relación: discutimos, nos enfadamos, no nos entendemos, no disfrutamos juntos…
Tengo siempre que aclarar que discutir es bueno, es la forma sana que tenemos las personas de lograr saber qué piensa el otro, explicar qué pensamos nosotros, abrir la vía para un diálogo con el que lograr un acuerdo y hallar una solución. Discutimos para resolver.
Claro, se sorprenden, porque cuando piensan en discutir lo que les viene a la cabeza es ese momento en que alguno de los dos (tú o yo) soltamos de cualquier manera lo primero que se nos viene a la cabeza sobre eso (y otras ocho cosas más) que nos tiene molestos, enfadados, preocupados, inquietos etc… y lo hacemos en cualquier lugar y de imprevisto ¡¡BUM!! Como quien tira una bomba en una batalla, destrucción masiva.
Eso, amigos, no es discutir, eso es un ataque, y sólo puede servir para dar lugar a una pelea. Si estamos ahí lo que está pasando es otra cosa, estamos en otro nivel del juego, el nivel guerra, ahí discutimos para dañar, para destruir. Y eso sí es malo, muy malo…
Pero claro, que discutir sea bueno tiene que ver con lo que hacemos y con cómo lo hacemos.
Lo primero será pensar en lo que queremos hablar y dejar que el otro pueda pensar en ello también, antes de iniciar la conversación. Es decir, planteemos nuestro deseo de hablar, el tema concreto y acordemos una fecha, momento y lugar para hacerlo, que sean adecuados (no justo ese día que fui al dentista y me duele hasta el pelo, o 10 minutos antes de que venga tu madre, o con el niño delante… en fin, sentido común). Atención: las cosas se hablan de una en una, no varias a la vez en una multitarea infernal. De una en una, por favor, centrémonos en un tema y ya. Si salen más… se hablarán en otro momento (y se acordará cuándo tan razonablemente como en esta ocasión).
Luego será muy importante algo que suena simple pero es una básico que nos saltamos continuamente: escuchar. Es decir, mientras hablas no estoy pensando en lo que te voy a decir en cuanto pares dos milisegundos a coger aire, estoy atendiendo a lo que dices, tratando de comprenderlo profundamente; lo que se denomina escucha activa, vamos, que va a implicar que me esfuerzo en prestar atención consciente, entender, interpretar lo que escucho, proporcionar feedback si procede, no interrumpir ni dar consejos, atiendo también a tu lenguaje corporal y las emociones que estás compartiendo.
Y si cuando acabas de hablar necesito preguntar algo porque alguno de tus argumentos se me escapa, lo puedo hacer. Con humildad, cariño y honestidad, no con ironías (gran enemiga de la comunicación sana la ironía, puro veneno).
Y por favor, atendamos especialmente a la parte que el otro me está explicando donde creo que tiene razón. Porque siempre la hay, seguro que en una discrepancia siempre habrá algo que veo como el otro, en lo que estoy de acuerdo, aunque sea ínfimo. Que no se nos escape señalar ese 1% de razón que lleva el otro, busquémoslo y encontrémoslo; Si hay un mínimo de refuerzo en el discutir, un mínimo de conformidad vamos a llevarlo mejor, le perderemos el miedo y será útil y bueno.
Puede hacer falta disculparse, y debería salir con facilidad si estoy escuchando al otro y esforzándome por entender su malestar. No vale dar explicaciones de los hechos que me legitimen, o me resten responsabilidad, o aclaren mis auténticas intenciones , que no fueron malas… aquí hablamos de reconocer el daño causado y de pedir perdón, sinceramente y asumiendo mi responsabilidad en ese daño (hace falta valentía para esto ¿verdad? Pues venga, que el futuro es de los valientes…)
Y algo importantísimo: reparar el daño. Pedir perdón sólo no vale, habrá que comprometerse a hacer algo, cambiar algo, implicarse, lo que corresponda, para que tus disculpas sean de las de verdad. Si no, paroles, paroles, paroles…
La asertividad nos va a venir bien cuando discutamos, gracias a ella voy a poder decir lo que tengo que decir sin ofender y sin menospreciar lo que diga el otro.
Haciendo las cosas así es más probable llegar a buen puerto en nuestras discusiones, que nos van a servir para lo que valen: lograr acuerdos, encontrar soluciones y seguir adelante.
Si os pilláis discutiendo para otra cosa (castigar, vengarse, imponerse, someter…) eso os va a dañar y va a dañar la relación, buscad ayuda para poder dejar de hacerlo.
A continuación un artículo interesante sobre el tema, que ustedes lo discutan bien!
