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Pues sí, jeje, siempre es buen momento para recordar a Alaska y Dinarama… o para descubrirlos.

He titulado así este artículo porque yo encuentro que, de una manera totalmente informal, esta letra alude al concepto de personalidad (da pista también de sus posibles trastornos), que es de lo que quiero hablar hoy y en sucesivos artículos durante una temporada.

El término personalidad se define según el diccionario de la Real Academia Española como:

el conjunto de características o cualidades propias de una persona”.

Se trata de un término utilizado desde la antigüedad, la palabra personalidad deriva del término griego máscara, que se refería a las máscaras utilizadas por los actores en las representaciones teatrales.

Aludía inicialmente a rasgos de la persona distintos de los originales, como una suerte de apariencia distinta de la real. Luego pasó a referirse a la persona real, a sus características manifiestas y percibidas por los demás. Por último se incluyeron en el término las características psicológicas más internas.

Comparto la definición de personalidad que nos ofrece un gran experto, Theodore Millon que, junto a sus colaboradores, en su libro Trastornos de la personalidad  define la personalidad como:

Patrón complejo de características psicológicas profundamente arraigadas, que son en su mayor parte inconscientes y difíciles de cambiar, y se expresan automáticamente en casi todas las áreas de funcionamiento del individuo. Estos rasgos intrínsecos y generales surgen de una complicada matriz de determinantes biológicos y aprendizajes, y en última instancia comprenden el patrón idiosincrásico de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse de un individuo

El  Dr. José Luis Carrasco, en su excelente libro La personalidad y sus trastornos dice sobre la personalidad que

la personalidad es lo que hace del mamífero una persona. Los perros y los caballos tienen raza, brío, agilidad o docilidad, pero no Personalidad”.

Así, podemos decir de forma muy sencilla que mi personalidad es mi forma de ser, cómo soy. Es uno de tantos constructos psicológicos que se haya inserto en el lenguaje coloquial; escuchamos y usamos con frecuencia el término personalidad al hablar de nosotros mismos o de otros.

Uno de los usos coloquiales más confusos para mi es ese de “Fulanito/a tiene una gran personalidad”; lo usamos cuando describimos a alguien con carácter, o que salta con facilidad, o con ideas fijas, o con ideas originales, o que se altera rápido… Eso serían tipos de personalidad, pero ni más grandes ni más pequeñas. De nuevo, un uso coloquial, la RAE lo incluye como segunda definición del término, indicador de alguien destacado u original.

Y esa personalidad puede ser a veces complicadita, por cierto, y ahí es donde nos vamos a meter en próximos artículos, porque es inevitable preguntarnos: ¿todas las formas de ser son saludables? Y la respuesta es que no, hay perfiles de personalidad que constituyen trastornos, un tipo de patología un tanto especial que va a marcar la vida de la persona que la padece y de quien trata con ella.

El DSM V define el trastorno de la personalidad de la siguiente manera:

  1. Patrón perdurable de experiencia interna y comportamiento que se desvía notablemente de las expectativas de la cultura del individuo. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de los ámbitos siguientes:
  2. Cognición (es decir, maneras de percibirse e interpretarse a uno mismo, a otras personas y a los acontecimientos).
  3. Afectividad (es decir, amplitud, intensidad, labilidad e idoneidad de la repuesta emocional).
  4. Funcionamiento interpersonal.
  5. Control de los impulsos.
  6. El patrón perdurable es inflexible y dominante en una gran variedad de situaciones personales y sociales.
  7. El patrón perdurable causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
  8. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se puede remontar al menos a la adolescencia o a las primeras etapas de la edad adulta.
  9. El patrón perdurable no se explica mejor como una manifestación o consecuencia de otro trastorno mental.
  10. El patrón perdurable no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) u otra afección médica (p. ej., un traumatismo craneal)

Existen distintos trastornos de la personalidad, pero todos tienen esto en común, apartándose de los patrones de experiencia y funcionamiento que se consideran sanos, y causando malestar no tanto en el individuo (porque yo soy así, y así seguiré como decía al empezar el tema de Alaska…) como en los demás que se relacionan con él; es fundamentalmente en el mundo de relación donde la persona con trastorno de personalidad tiene problemas (que claro, achaca a los demás, que para él son los que tienen que cambiar).

Todos tenemos referentes de algún trastorno de personalidad, si no en la  vida real sí a través de la ficción, porque la literatura y el cine están plagados de ellos: la reina de corazones de Alicia en el País de las Maravillas, Pijus Magníficus (personaje de La Vida de Brian), Randle McMurphy (interpretado por Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco), Loco 8 (de la serie Breaking Bad),  Estela Reynolds de la serie La que se avecina, Tony Stark (Iron Man), Eduardo Manostijeras, Milhouse,  la Señorita Rottermeier… y así podríamos seguir y seguir.

No desvelo quien es quien es esta relación de personajes, os animo a seguir los próximos artículos y descubrirlo vosotros mismos en el próximo, ¡Empezamos!

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