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Ayer mismo hablé del Trastorno Narcisista de la personalidad y hoy, al ojear la prensa, encuentro un artículo sobre el tema, narcisismo de nuevo. Muy interesante el contenido, que describe características de este perfil de personalidad y lo vincula a personajes populares concretos, reflexionando sobre la idea de éxito, la gestión de personas en contextos organizativos, en la política, en la empresa, a su presencia en la sociedad (circunstancia que parece ir en retroceso, parece que nos vamos dando cuenta que estos “imbéciles” no nos hacen falta -aunque el miedo nos haya echo creer que los necesitábamos…-).

Me ha resultado muy interesante la reflexión que plantea sobre por qué triunfan estos individuos, explicando que les favorecen determinados contextos competitivos, hostiles, peligrosos, tóxicos (pertenecientes a la cultura popular, como reality shows, redes sociales, política, cierto tipo de empresas) donde esas características de personalidad son buenas para sobrevivir y medrar.

Se hace una pregunta interesante: ¿hace falta ser un “perfecto imbécil” (descrito más adelante como ególatra, vanidoso, individualista, presuntuoso, petulante e insolidario) para tener éxito en la vida?  Parece que cada vez menos, explican, “empieza a retroceder de manera gradual esta manera de funcionar en pos de una jerarquía amable, de liderazgos democráticos y habilitadores, basados en el sentido común”. Entonces ¿competir o cooperar? That is the question…

Se describe una categoría que se denomina “El narcisista humilde” (¡qué precioso oxímoron!): “ambicioso, asertivo, autoconfiado, carismático, con visión estratégica pero con capacidad para reconocer sus propios límites y aprender de sus errores”. Que me lo presenten ya.

Atemperar el narcisismo, atenuarlo, matizarlo… que buena idea…¿pero cómo? Porque como se menciona al final del artículo: “el narcisismo no se cura”.

Aunque lo que sí es posible para todos es aprender y crecer.

Termino con la cita que se recoge del historiador israelí, autor de “Sapiens”, Yuval Noah Harari:

En contra de lo que lleva predicando el neoliberalismo más agresivo desde hace décadas, la historia evolutiva demuestra más bien que los seres humanos progresamos de verdad cuando cooperamos, no cuando competimos. El individualismo y la competencia feroz son recetas para el desastre. Es mucho más fértil competir desde el respeto mutuo, los marcos de cooperación y una actitud generosa que acepte que la actividad económica y social no tienen por qué ser juegos de suma cero, que podemos organizarnos de manera que casi todos ganemos o casi nadie pierda.

 

https://elpais.com/icon/2023-08-24/la-conjura-de-los-imbeciles-hace-falta-ser-un-perfecto-cretino-para-triunfar-en-la-vida.html

 

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